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Psicología de la Vida Cotidiana

Violencia y Sociedad
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AHORA Y CÓMO

¿qué habría que hacer con la violencia para no tener que paliar?

El comienzo de la violencia son los insultos, las desvalorizaciones, el control del dinero, la rotura de objetos...

En el caso de los niños, el silencio o la ausencia son los mensajes que dan los golpes.

En las causas de la co-dependencia, está el abuso o abandono físico y emocional que atan a la persona, hasta mucho después de haber ocurrido, con un cordel al cuello a esa experiencia pasada; quedando la persona como colgada, lo que gráficamente expresaríamos “sin poder poner los pies en el suelo”, es decir sin poderse sentir ni ejercer como autor de su propia vida.

La violencia impide la educación en la decisión y la responsabilidad imprescindibles en el proceso de maduración de la persona. La violencia ejercerá, en todo caso, una domesticación de la persona llevándola a una situación en la que no piense, no hable, no reflexione.

La cuestión es ¿cómo educamos?, porque este sí es el factor de riesgo, muy importante. Esto es un poco incomodo para nosotros, como adultos, porque nos lleva a iluminar la idea que tenemos de nosotros mismos y del otro. Nuestro actual sentimiento de frustración social, ante la realidad de la violencia que se impone, deberíamos mirarlo más positivamente, porque su significado es que si hay una necesidad, por ello, hay una razón para movilizar nuestros recursos. si no nos permitiésemos sentir esta frustración nos veríamos empujados a manipular o tratar de controlar.

Entender la situación en que nos encontramos, si que nos permitirá encarar el problema. Como cuando conducimos un coche en la carretera, será la realidad lo que marque nuestra actuación, por eso es tan importante contactar lo más comprehensivamente con aquello sobre lo que necesitamos actuar.

En el tema de la violencia más que actualizarlo, tenemos que actualizar la imagen que de él tenemos, para no llevarlo a ser lo que no es, y hacernos posible reconocerlo en su realidad. Aprender no es repetir o acumular información, si no descubrir, es darse cuenta de lo que ocurre que significa entender, a diferencia de explicar.

Con el tema de la violencia es igual, la pregunta es: ¿Qué es lo que debemos aprender aquí?, con el objetivo de madurar respecto a ello. Siguiendo esta reflexión, el problema de la violencia, es un trastorno del crecimiento, lo que lo acerca aún más al campo educacional. Deberíamos preguntar entonces: ¿Cómo nos imposibilitamos el crecer? ¿Qué nos impide avanzar?

La cosa más importante es: Oír, Escuchar, Entender, Estar receptivos. Así vamos a aprender a entender los vacíos de los que la violencia es el síntoma, a ello nos ayudará el ver lo obvio, y relacionado con ello hacernos la siguiente pregunta: ¿Ahora, cómo vamos a tratar con el problema?

Porque tenmos que tratar las consecuencias para paliar lo que no hicimos, en el pasado, pero, y en el presente ¿Qué hay que hacer para no tener que paliar?

Y aquí es donde Yo personalmente me pregunto: ¿Podemos trabajar con el problema, escuchándole, comprehensivamente, si ignoramos una de sus partes, cual es el hombre?

Calro que es arriesgarnos a salir del Status Quo. Yo espero que esto que envío como propuesta pueda ser escuchado y entendido, y nos animo a atrevernos a pensar ¿Qué podemos perder? y ... ¿Qué podríamos ganar?

El trabajo con la violencia nos exige siempre, dos cosas, la acción y la sensibilidad, para no ser autistas y tampoco paranoicos. Necesitamos estar bien orientados y tener habilidad para actuar.

Todos estamos preocupados por la idea del cambio en esta situación y nos decimos “debería ser de este modo o de aquel otro”.

Si nos metemos más adentro en lo que es la violencia y aceptamos lo que está ahí, el cambio se produce ya, esa es la paradoja del cambio, el cambio solo sucede a partir de aceptar la realidad, porque el cambio procede de una integración que da pie a un nuevo paso de crecimiento que supera, porque hemos sido capaces de haber asimilado algo conflictivo. Este es el modo para que el conflicto resulte evolutivo.

VIOLENCIA COMO CONTAMINACIÓN

Amikeco, quiere trasmitir hoy a nuestra sociedad, esta reflexión:

Nuestro común objetivo es que la violencia familiar se haga menos invisible, para poder tratarla y prevenirla.

El gráfico siguiente simboliza lo que este tipo de violencia significa para nosotros como un agente contaminante en las relaciones y el desarrollo, social, económico y personal.

Paisaje humano

Primero tras el horror

aprender a soportar

a luchar y a no cejar.

Entonces

romper el silencio

permitir que el grito

queme el corazón.

Ahora, por fin

escuchar

dejar espacio a otra luz.

Y entonces

aprender a recuperar la esperanza

aprender a reír

aprender a confiar

Estamos abordando en un proceso, que parece eficaz, la contaminación medioambiental, de nuestros residuos. La Violencia Familiar, comporta un riesgo no menor. Aunque se trata de campos diferentes, podemos trazar entre ellos nexos creativos.

Ante ambos problemas, ¿qué hacemos?

En primer lugar, ignorarlos o alejarlos.

En un segundo momento, nos sensibilizamos, nos preocupamos y alarmamos.

En tercer lugar comenzamos a tratar con el problema, nos informamos, estudiamos su recuperación.

Finalmente actuamos, reparando y previniendo, con eficacia.

Si sabemos cómo se crea, sabremos evitarlo, porque todos los aprendizajes tienen su propia historia, y podemos intervenir desde el presente para cambiar ese curso futuro, en el momento más propicio del proceso.

Reeducar es la forma más participativa y fiable de protegernos de la conducta. "Reciclar las conductas perjudiciales, nos permitirá mejorar cualitativamente, tanto a nivel individual como grupal" En este caso lo hemos podido comprobar en la conducta de adultos masculinos violentos; igualmente pudiera ser en el caso de jóvenes o incluso en el caso de personas "normales".

Este encuentro es un paso de todos aquí y ahora, para no ignorar la realidad, no enviar el problema afuera. Informarnos de cómo se construye la violencia, tratar de reparar, y ayudar en la verdadera prevención en origen.

También podemos recordar como la violencia familiar, que incluye la violencia hacia las mujeres, el maltrato infantil  y la violencia hacia los mayores, es un factor desencadenante de la violencia social, por lo que uno de los factores de riesgo para los actos violentos en el espacio social, lo constituye la existencia de esta violencia "domestica".

La noción de la familia como espacio privado ha ayudado a la invisibilidad de esta violencia, pero la realidad nos demuestra que la casa puede ser un entorno en el que además de poder ser violados los derechos humanos se aprendan todas las variaciones de resolución violenta de los conflictos interpersonales.

La gravedad de este problema se ve acentuada por el elemento reproductor que contiene, ya que los niños aprenderán interiorizando ese comportamiento violento como algo natural. La transmisión de la violencia del hogar a la calle, pandas, violencia en el deporte, delincuencia, etc, es la razón por la que urge encontrar políticas que disminuyan la violencia domestica, aún en el caso de que la meta fuese reducir la violencia social.

La provisión de cuidados a quienes ya sufrieron violencia, algo esencial, pero que también debe acompañarse de otras estrategias de prevención, trabajando con grupos de adolescentes pre-violentos y agresores. Buscamos un cambio efectivo en las personas de conducta violenta, porque no podemos permitirnos el coste social que significa que el agresor sea el que no sabe o no piensa ya que de éste modo no podremos hacer que se responsabilice y reaprenda. Además de ello estos trabajos permitirían aportaciones sobre las causas de las variaciones de la violencia a lo largo del tiempo y nos ofrecerían datos sobre los factores asociados a la violencia.

 

Sobre el 25 de noviembre de 2.004

Nuestro compromiso hoy recoge el dolor de quienes son y, han sido victimas por la violencia en el ámbito familiar, para trabajar desde el origen de esa violencia y poder llegar a abandonarla.

Veo la violencia como un muro que hiere, un muro que se va construyendo piedra a piedra, con la feroz energía de la impotencia, un muro que nos esconce, aísla, congela en el frío de la piedra las lagrimas de nuestro dolor emocional. Amurallados, sólo cabe esperar el conflicto.

Detenida a ambos lados del muro la primavera, desconsiderada la esperanza, habiendo perdido la confianza, en la soledad. Acompañados, únicamente, del MIEDO.

Es necesario abrir ventanas, con manos firmes y delicadas, en ese muro, ventanas, pequeñas al principio, que se vayan agrandando, hasta que la propia persona conecte con la fuerza positiva de la impotencia, con la fuerza, si podemos decir, positiva que queda al romper el odio. Para conseguir el deseo de que el otro reconozca el derecho propio a intentarse construir como uno se desea, positivo y poderoso, pero sin violencia, un ser que se pueda, el a sí mismo, dar alternativas: que pueda ofrecer a los otros, también, alternativas.

Un adulto en quien el niño pueda encontrar un modelo positivo y confianza.

Maria Vega.

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        14 junio, 2018